Nuestra Señora de Lourdes. Día mundial del enfermo

El 11 de febrero de 1858 tres jóvenes merodeaban el río, junto a la roca de Massabielle, en Lourdes. Bernardita, de 14 años, se quedó extasiada ante una visión.

“Alcé los ojos, miré hacia un hueco de la peña, y vi que se movía un rosal silvestre que había en la entrada. Advertí luego en el hueco un resplandor, y enseguida apareció sobre el rosal una mujer hermosísima, vestida de blanco, la cual me saludó inclinando la cabeza. Retrocedí asustada; quise llamar a mis compañeras, y no pude. Creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero, al abrirlos de nuevo, vi que la aparición me sonreía y me hacía señas de que me acercarse. Mas yo no me atrevía; y no es que tuviese miedo, pues el miedo nos hace huir, y yo me hubiera quedado mirándola toda la vida”.

    A veces le hablaba la aparición: “Ven aquí durante quince días”. El 15 de febrero la visión le mando que se lavase la cara en la fuente. No había fuente; la niña escarbó con las manos y brotó un manantial abundante. El 25 de marzo, día de la anunciación, la niña le preguntó a la Señora: “¿ Queréis decirme quién sois y cuál es vuestro nombre?” Lo repitió tres veces. La Señora le contesto: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. 

     ¡Cuantos millones de personas, enfermos, sanos, han pasado por Lourdes desde entonces! ¡Cuántos presuntos milagros se han realizado al lado de aquella bendita fuente!.