"Adviento" significa "venida". En este tiempo recordamos la venida del Hijo de Dios que nace en el portal de Belén. Abriremos nuestros corazones al niño Jesús que lleva los títulos de Salvador, Rey, Mesías, Ungido, Dios con nosotros... Es justo que nos preparemos para esta venida, pero no podemos olvidar que aún estamos caminando hacia el horizonte de la vida para siempre. Este hecho nos invita a no instalarnos, a llenar nuestros pulmones de aire para escalar más alto, hasta alcanzar la cima y emprender el vuelo en medio de un cielo transparente.
La Iglesia nos propone unos personajes que nos llevan de la mano en este camino: el profeta Isaías, la voz del Antiguo Testamento que habla de esperanza en momentos de crisis; Juan el Bautista, un hombre íntegro, de una sola pieza, que no sucumbe ante el consumismo y el poder; la Virgen María, modelo de respuesta fiel al llamado de Dios y de fidelidad a un "sí" que compromete toda la vida. Al lado de María, en la penumbra del misterio, está san José, que colaboró con amor y silencio en los planes de Dios.
También san José Manyanet es un personaje del Adviento, por dos razones principales: porque con su vida y su obra nos animó a poner nuestros ojos en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Y también porque él celebró la gran fiesta de Navidad en el cielo. Él nos abrió la puerta de este gran misterio y luego se retiró silenciosamente, con humildad, como había sido toda su vida. Efectivamente, murió el 17 de diciembre de 1901, en el Colegio Jesús, María y José, de Sant Andreu.