Cuento de Navidad


 
Faltaban tres días en Navidad. Unos jóvenes se pararon se ante la iglesia de la pequeña ciudad y con un spray escribieron en la pared: “¡Fuera los extranjeros! ¡España para los españoles!” Apedrearon las ventanas de una pequeña tienda paquistaní y después desaparecieron en la oscuridad. Nadie había visto nada.

—¡Basta, nos vamos!

—¿Marchar? ¿Dónde iremos, después de tantos trabajos y penalidades? ¿Qué le vamos a hacer en nuestro país?

—Al menos es nuestra patria. Europa todos los días está peor.

Era el diálogo entre ambos esposos extranjeros. De de repente, ocurrió algo extraño. Se abrieron las puertas de todas las tiendas. Primero salieron paquetes de chocolate envueltos con papeles de regalo y marcharon hacia África oriental. Luego va huir el café hacia Colombia y Brasil. Ya se hacía de día, cuando las flores cerraron los pétalos y emprendieron el vuelo hacia Colombia. Las joyas y las piedras preciosas, en pequeños aviones, volaron hacia África. Colas interminables de coches, cámaras fotográficas y ordenadores hacia Japón.

De repente se sintió un violento fragor y van caer de puertas y ventanas las maderas tropicales por irse a los bosques de la Amazonia. Por las calles corazón - rían ríos de petróleo y de gasolina, dirigiéndose hacia Oriente Medio. El aluminio iba hacia Jamaica, el cocer hacia Somalia y Chile, una parte de las piezas de hierro y caucho marchaban hacia Brasil. Todas las calles hacían lástima, llenos de barro y suciedad.

Acabó la terrible fuga justo antes de la fiesta de la Navidad. Entonces sucedió un hecho estanque, del todo incomprensible.

María y José, con el niño Jesús, habían decidido quedarse. Eran judíos. Precisamente tres judíos.

—Nosotros nos quedamos —dijo María—, porque si nosotros marchamos, ¿quién indicará el camino de regreso? ¿quién mostrará el camino hacia la razón y la humanidad? ¿quién enseñará la solidaridad, la convivencia y la paz?
ADAPTACIÓN DE UN CUENTO ALEMÁN