Leamos este texto lentamente, casi palabra por palabra, tratando de entender bien lo que decíamos:
Que nuestra mirada sea siempre limpia y clara.
Que nuestros labios sólo sepan alentar.
Que nuestra actitud sea firme y valiente.
Que nuestras manos sean generosas para dar.
Que nuestro corazón esté abierto para amar a todos.
Que nuestros pasos nos lleven allá donde podamos servir y dar alegría.
Que nuestra vida sea radiante y generosa.
Que nuestro corazón tenga siempre la paz del Señor.
Convirtamos estas palabras en oración para el Señor.