San José, esposo de la Virgen María

San José es un santo amado como pocos en la Iglesia.

Humilde, trabajador, fiel: supo responder a Dios en una misión difícil.

El evangelio dice que fue "un hombre justo", guardián de los misterios de Dios, "hizo tal como le había dicho el ángel" en las circunstancias más comprometedoras. Fue él quien dio el nombre al Hijo de Dios.

El que le “introdujo” en el casal de David, su antepasado. Y así Jesús entró en la línea de las promesas, como el nuevo David, el liberador y unificador del pueblo.

José, entre la esperanza mesiánica, y María, su esposa, esperó a El Salvador y tuvo la alegría de protagonizar de cerca su entrada en la historia.

Fue el hombre fiel, creyente, justo, cumplidor. No con posturas espectaculares, sino desde su vida ordinaria de trabajador, esposo y padre. En días de paz y momentos de dolor y dificultades. Creyó en Dios y tuvo esperanza. Aceptó el riesgo de la misión que se le encomendaba y así es el modelo y protector de los cristianos de todos los tiempos que también quieren ser fieles al Evangelio.