Teresa nació el día 28 de marzo en Gotarrendura, cerca de Ávila, en 1515, y murió en Alba de Tormes en 1582. Según cuenta ella misma en el Libro de la vida, cuando tenía siete años se escapó de casa junto a su hermano Rodrigo, para irse a las misiones a convertir “moros”.
Pasó su juventud bastante distraída, leyendo libros de caballerías y empeñada con los encantos de su belleza. A 21 años experimentó un repentino cambio, tras una madura reflexión sobre el valor de la vida. Decidió consagrar su vida a Dios en el convento de clausura de la Encarnación, en Ávila.
La primera etapa en el convento, a pesar de ser buena, carecía de radicalidad. Ella misma dejó constancia de sus distracciones y luchas interiores para abandonar los intereses del mundo y entregar su alma totalmente a Dios. Sin embargo, durante este período ya brillaban sus virtudes, en especial su afabilidad en el trato y su gran inteligencia.
Hacia 40 años, experimentó una total transformación. Vio claramente que el Señor la llamaba para emprender la reforma de su Orden, el Carmelo. Y se dedicó a este proyecto en cuerpo y alma. Por aquel entonces, la reforma suponía cambiar muchos esquemas y criterios de valores religiosos y socioculturales.
La clase acomodada, de la que provenía la mayoría de los miembros de las órdenes religiosas, ponía mucha resistencia. Tuvo que soportar muchos disgustos y persecuciones, pero fue saliendo airosa por su carácter jovial y dinámico. Realizó numerosos viajes, en condiciones precarias, para arraigar las fundaciones de sus conventos.
Teresa de Jesús, pese a desarrollar una gran actividad, se distinguió por su misticismo. Fue una verdadera maestra de oración y ella misma experimentó varios raptos o visitas misteriosas del Señor, en las que Dios le comunicaba su voluntad y misterios de su íntima vida. Además, fue una de las grandes escritoras de su tiempo.
Se caracteriza por un estilo llano, vivaz ya la vez profundo; sus libros se cuentan entre los clásicos de la literatura castellana. Sus más famosos escritos son el Libro de la vida, Camino de perfección y Las Moradas o Castillo interior.
Sus escritos han tenido una enorme influencia en los autores de todos los tiempos, entre los que hay que incluir al padre Manyanet.