San Francisco de Asís es uno de los santos más populares y representativos de la cristiandad. Fue canonizado en 1228, cuando apenas llevaba dos años muerto, a la edad de 45 años.
Hijo de familia rica, alegre y lleno de cualidades, el joven Francisco tuvo una experiencia profunda de conversión y decidió seguir a Cristo con total desprendimiento de sus bienes y un cumplimiento radical de las bienaventuranzas.
Su visión de la vida fue optimista, positiva, llena de sencillez y poesía. Pero al mismo tiempo comprometida y dada al servicio de los demás.
Dejó en herencia a sus hijos, clarisas y franciscanos, ya toda la Iglesia, una espiritualidad que es muy apreciada por sus valores evangélicos.
Francisco, el poeta del amor, nos ha enseñado a alabar a Dios, también en nombre de las otras criaturas, amando no sólo a los demás hombres, sino a los animales ya toda la naturaleza.
Él, que tomó la pobreza como esposa, nos ha enseñado a aceptar el evangelio de una forma radical y ejemplar que nos lleve a la donación total a los demás.
Él, que se identificó tanto con Cristo en su pasión, que mereció llevar las señales de sus llagas en el cuerpo, nos ha enseñado a tomar como clave central de toda la vida cristiana la identificación con Cristo Jesús pobre, humilde y hermano de todos.