¿Quién es la tierra buena? Aquel que escucha la Palabra y la hace suya...

LA VOCACIÓN
Es como una voz fuerte que se escucha por dentro. Una voz que invita a hacer algo. Médico, ingeniero, carpintero, sacerdote. Lo que sea, para servir al mundo. Es un comienzo del camino.

Josep Manyanet, desde pequeño, tenía muy claro lo que quería ser, tenía una inclinación. Veía muchos niños sin escuela y mucha gente sin esperanza. Veía sonrisas rotas. Veía tristeza, dolor y caminos equivocados, con buena o mala voluntad. Veía gente que pensaba haber perdido a Dios porque no sabían verlo. O porque no querían. Tenía que hacer algo. Fue al seminario —Barbastro, Lleida, la Seu d'Urgell— a crecer y hacer más profunda su vida ante Dios y los hombres. Estudiaba, rezaba, trabajaba. Y el amor le inundaba el alma cada día. Y cada día tenía más ganas de llegar a ser sacerdote. Para poder hacer el bien muy pronto. Y ese día fue el 9 de abril de 1859.

Vivió junto al obispo Josep Caixal, siendo su secretario. Y predicando la Palabra de Dios. Y repartiendo el perdón a todos. Con esas manos suyas que parecían de Cristo. Y que lo eran...

LOS NIÑOS
Son los preferidos de Dios. Un niño es una puerta abierta a la esperanza, un terreno sin sembrar, una hoja en blanco. Para escribir la Palabra de Dios. Cómo debe vivirse. El padre Manyanet pensaba así. Pensaba que la educación era uno de los medios principales para mejorar las familias. Y comenzó a fundar colegios.

Al principio, solo cuatro paredes y muchas ganas de hacer las cosas bien hechas. Quería que, a través de los niños, el mundo fuera un grupo de miradas dirigidas todas a un único rostro. El rostro de la paz. De la inocencia. El rostro de Jesús de Nazaret hecho camino nuevamente en cada familia cristiana. Desde entonces, los colegios del padre Manyanet quieren hacer lo mismo, continuar su tarea, para que las buenas ideas se conviertan en realidades. Y para que, en medio de tantas palabras muertas que se dicen en el mundo, no se pierdan las cosas hermosas.

JUAN HUESO, S.F.