¡Gloria a Dios y paz a los hombres!
La magia de la Navidad y del Niño
une el cielo y la tierra,
Dios y los hombres.
Pero sólo los sencillos,
quienes tienen un corazón de pobre,
un corazón que se maravilla ante la vida
y saben escuchar el canto de los ángeles,
como los pastores,
pueden descubrir a Dios
en la fragilidad de un niño,
en la mirada serena de una madre,
en la música y en las estrellas,
en la naturaleza que espera con ansia la salvación...
Señor,
ahora que ya estamos a las puertas de Navidad,
le pedimos un corazón sencillo y transparente
para que sepamos ver y amar
en el niño que llega al mundo,
en la madre que mima a su hijo,
en el padre que defiende a la familia,
en el anciano que confía en ti.
Que en nuestra vida
todo sea un canto de gloria a Dios que nos ama
y un canto de paz a los hombres,
porque, en el mundo,
cada día sea NAVIDAD!