Yo conozco la vida de María desde pequeño. Aprendí de mi madre y de mi protector Mn. Valentí Lledós a rezar a la Virgen.
Tengo un recuerdo imborrable de cuando tenía cinco años. A pesar de mi tierna edad, quedó tan grabado en mí que jamás he podido olvidarlo. Es más, incluso diría que ha condicionado toda mi vida. Mi madre oraba cada día ante la imagen de la patrona de Tremp, La Virgen de Valldeflors. Casi siempre me llevaba consigo. Me llamaba la atención su piedad y el modo fervoroso como oraba. A veces incluso veía deslizarse algunas lágrimas en su rostro que ella enjugaba con disimulo.
Un día la vi muy apesadumbrada. Por lo visto, le costaba mucho sacar adelante la familia, pues ella estaba sola porque había muerto su mardido, cuando yo, el menor de nueve hermanos, aún no tenía dos años. Para no olvidarme de ningún detalle, he traído unas breves notas escritas que he titulado Recuerdos de mi vida, que más o menos dicen lo que sigue:
"Me llevó a una casa muy grande y hermosa donde vi una Señora de gran hermosura, con los brazos extendidos y en ademán casi suplicante, de pie sobre un hermoso trono, rodeada de una resplandeciente aureola, con doce estrellas alrededor de su cabeza, y que con sus delicados fuertes pies aplastaba la cabeza de un gran culebrón. Nos acercamos, y, al llegar junto a la misteriosa Señora, mi madre se postró a sus pies, y yo imité su acción... Mi madre habló largo rato con aquella Señora... Yo observé que gruesas lágrimas brotaban de sus ojos... Mi madre lloraba... Entre amargos sollozos, le dice: "María, ahí tenéis a vuestro hijo, a este tierno niño que os ama.." Yo también lloré... Y, llorando, me quedé dormido... Luego de haber cerrado los ojos, vi con los del alma (y no fue sueño sino realidad, pues lo conté a mi madre y aún hoy lo recuerdo perfectamente)... Sí, yo la vi... cuando llena de majestad y de compasiva hermosura, me abrió sus brazos y me estrechó contra su corazón... (Oh María, yo os amo! A este grito desperté y mi madre, acercándose a mí, dijo: "No llores, hijo mío... (Nuestra buena Reina ha oído mis súplicas y ha recogido tus lágrimas.)
Jamás olvidaré este hecho. He amado siempre a la Virgen y le he rezado varias oraciones todos los días. Le he contado mis cosas, como se las podía contar a mi madre de la tierra. Estoy seguro que ella me escucha y está a mi lado, pues en los asuntos más difíciles he notado siempre su mano maternal como una brisa acariciando mi alma. La Virgen Davalldeflors, patrona de Tremp, ha guiado mis pasos en todas las fundaciones y trabajos. He visitado diversos santuarios dedicados a María, en particular el Pilar, Montserrat, Lourdes y Loreto. Es de verdad nuestra buena madre del Cielo.
Debemos estar muy contentos porque tenemos dos mamás. A una la vemos todos los días y a la otra la podemos sentir muy cerca si somos fieles a su amor.