En casa de alguien, seguro que últimamente ha habido algún nacimiento.
Cuando viene un nacimiento todos son preparativos: la cuna, la ropa, los pañales. Todos se preguntan cómo será la criatura, qué aspecto tendrá, cuánto pesará, si será rubio o pardo. Toda la familia se moviliza porque toda la familia espera el hecho con alegría. No conozco a nadie que esté triste cuando se espera uno nacimiento.
Todos esperamos, pero no todos esperamos igual. Hay quien espera más tranquilo, más en silencio, más hondamente. Ésta es la madre. Nadie sabe esperar como la madre, porque nadie lleva tanto en su corazón a un niño como la propia madre.
Esto ocurre en Navidad. El personaje más importante de Adviento es María. Silenciosa, callada, con ternura. Esperando a Jesús para poder besarlo y abrazarlo y cantarle canciones. Y amarle de todo corazón, porque en el mundo venimos para amar y ser amados, no para que uno se ría de nuestros defectos.
María es la más importante, porque ella nos ha dado a Jesús, el mejor regalo que podía hacernos. Por eso es de buena persona dar gracias. Cómo hizo Isabel, su prima, cuando la vio entrar en su casa.